Sunday, May 22, 2011

Crónica de Un Fin del Mundo


El Día comenzó como cualquier otro, 9 de la mañana un cigarro, una visita al baño y un breve vistazo al cuarto de mi madre. todo parecía ir en orden hasta ese momento en que decidí ir hacia la planta baja de mi casa, mi madre no aparecía por ningún lado, era raro ya que siendo sábado ella nunca salía y menos a esa hora de la mañana. al principio no le di tanta importancia pensé que andaría haciendo alguna compra y no tardaría en llegar.

Alrededor del mediodía comencé a tomar un poco más en serio la desaparición de mi madre, en el primer vistazo no me había percatado que su cuarto estaba impecable, cama tendida, sus zapatos en sus respectivas cajas, toda su ropa colgada dentro del closet que mi padre le había construido meses antes de morir, solo faltaba la biblia que mi madre nunca movía de lugar y el retrato familiar que solíamos tomarnos cada fin de año en donde como era costumbre mi padre aparecía con un traje negro, mi madre usaba el collar de perlas que la abuela le había regalado el día de su boda, y mis hermanas y yo lucíamos ropa que nos acababan de comprar en un elegante almacén y en la cual mi padre habría gastado una cuarta parte de sus aguinaldos, y todo para que luciéramos como lo que nunca fuimos, una familia ejemplar.

Las dos posesiones más valiosas de mi mamá habían desaparecido junto con ella, quizá podrían pensar que tan solo por haber pasado unas horas estaría exagerando con el paradero de mi madre, pero si conocieran a una persona con costumbres tan férreas como las de ella sabrían que 2 o 3 horas sin estar en su casa era casi inaceptable, desde la muerte de mi padre se había creado una rara relación entre ella y la casa, parecía como si las dos dependieran de cada una para sobrevivir, mi madre necesitaba estar constantemente arreglando el jardín, barriendo la cocina, lavando los inodoros, eran trabajos que ella y nadie más que ella hacía, despidió a la sirvienta unos meses después del funeral y decidió dar manutención a la casa ella sola, la casa por su parte era como si sintiera que mi madre no estuviera en ella, al notar su ausencia era como sí sus pisos se empezaran a llenar de polvo, las cornisas parecían llenarse de una lama verde (debida quizá a la humedad de la zona), y el tirol de los techos parecía caerse poco a poco.

A las 14:00 pm convencido de que algo habría ocurrido y que muy probablemente no regresaría, tome mis cosas y salí a buscarla, los lugares donde buscarla: casa de mis hermanas, iglesia, casa de mis tíos, y casa de alguna de sus amigas, iba a cada uno, pero muy dentro de mi estaba convencido de que no estaría ahí, solo lo hacía por cumplir con un sistema que me había planteado al salir de casa.

En efecto mi madre no aparecía en ninguno de los lugares antes mencionado, eran ya las 21:00 horas cuando regrese a mi casa, todo parecía estar en una oscuridad poco habitual. la casa estaba derrumbada, y solo parecían salir de entre los escombros las varillas metálicas que hasta hace unas horas servían de sostén de esa mole de ladrillo y cemento. en ese momento me di cuenta de que nunca más volvería a ver a mi madre.

Ese fue el día del fin del mundo, el fin de mi mundo...




5 comments:

Rebeca said...

Dicen que la esencia de uno se impregna en los objetos, lugares y hasta en otras personas ... Esa esencia es en realidad energía??? y si es así, Esa energía se "transformará" en algo que "mantenga"??? ... :P

Chido cuento Santiux ... ya se extrañaban!!!

P.D. Y mi playera???

Ana said...

Que relato tan triste. Pero es verdad, el impacto que tiene una persona resuena en todo lo que nos rodea. Y como es que en el cuento como en la vida real son las Madres el verdadero sosten de la casa.

Genial Ivan, muy "a doc" con el tema del momento.

El Diablo Des. said...

:S

El uso del punto sería bienvenido, entre otras cosas...

Tatiana Capacha said...

pense que seria como lo de los ratones, pero resulto muy escalofriante

Esquivel said...

Me sorprende que no existiran caninos en la historia... poco habitual el fatalismo en ti. :)